PUEBLA FC
Estoy seguro de que puede pasar toda una eternidad y este tema, una nueva controversia que agobia y duda de la credibilidad del deporte, terminará en un archivo muerto. Hay una grabación, hay dos personajes ligados al fútbol conspirando para arreglar un partido, hay un equipo de fútbol que jugó por la final del ascenso, hay un técnico involucrado.
Lo que supone ser ridículo desde el primer instante es que la Federación Mexicana haya encargado la investigación a su órgano encargado de responder por la disciplina. La Comisión Disciplinaria se encarga de jugadas bruscas en la cancha, de polémica arbitral y del manejo de las tarjetas, pero no tiene la debida injerencia para encabezar un asunto como este. Los federativos deben entender que este tipo de controversias, donde está en juego la credibilidad del fútbol mexicano, pone en riesgo mucho otros aspectos más delicados del deporte y de su entorno.
Emilio Maurer y Roberto Ruiz Esparza parecen perdidos, sin la justificación apropiada y sin la manera para salir del embrollo. Maurer, un hombre a quienes algunos siguen pensando en él como "El Peje deportivo", al ser capaz de atacar al poderoso imperio. Ruiz Esparza, aquel defensa central, capitán, inspiración del Puebla de la Franja, campeón del fútbol mexicano. El fútbol es un negocio sucio, lleno de intereses, de golpes bajos y de una lucha despiadada por el poder. No es más que un fiel reflejo del país, no hay forma, no existe una manera moral y ética de defender a Maurer y a Ruiz Esparza. La grabación existe, la plática ocurrió, la conspiración se dio y lo peor de todo es que no sabemos si la corrupción se cumplió finalmente.
El fútbol mexicano está lleno de pasajes inconclusos, llenos de dudas y carentes de escrúpulos que han alimentado su historia negra. El problema es que todos esos temas siempre han sido sepultados, como en la vida política del país la gente olvida, o acontece un gran espectáculo para que sean remitidos a archivos muertos y a estantes alejados de la luz y la transparencia.
La decisión para que la Comisión Disciplinaria sea la que aclare el tema del ascenso poblano es una burla para todos aquellos que queremos la verdad. Tampoco es una solución ratificar o extender el castigo de Maurer a instancias de por vida. Aquí es necesario conocer la verdad, saber cómo y por qué fue grabada la conversación y enterarnos si hubo algo raro o si finalmente se ejecutó la conspiración en la cancha.
La idea de atraer instancias judiciales y buscar a profesionales no suena mal. Conocer la verdad es un derecho que tenemos todos los mexicanos, más si trata de un espectáculo público tan apegado a las tradiciones y costumbres de nuestro país.

